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Lo que nadie te dijo: el peligro del liderazgo carismático en las instituciones educativas

Actualizado: 30 jun 2023

Si tú, al igual que yo, alguna vez has buscado en internet qué es el liderazgo carismático, habrás encontrado que se describe como un estilo en el que líder inspira, entusiasma y motiva a sus seguidores como nadie más lo hace; es elocuente, comunica y transmite sus ideas a sus seguidores quienes las entienden y las aceptan. No obstante, esta descripción es parcial y no está basada en las investigaciones que se han realizado sobre liderazgo a través de los años.


Dentro del campo educativo he escuchado con mucha frecuencia (más de la que desearía) asegurar que el carisma es la base de un liderazgo auténtico. Desde mi punto de vista, este tipo de comentarios muestra un entendimiento limitado y superficial de lo que es el liderazgo. Por este motivo, quiero usar este espacio para explicarte qué es lo que realmente dicen las investigaciones sobre el carisma y el liderazgo carismático lo que ayudará a entender por qué, un líder carismático es lo último que una institución educativa debería desear.


Aquí la historia:


El carisma y el liderazgo carismático






En una definición muy general de “carisma” se lee que esta es la “especial capacidad de algunas personas para atraer y fascinar”. La propia RAE (en lo que a mí me parece una muy particular definición) dice que el carisma es el “Don gratuito que Dios concede a algunas personas en beneficio de la comunidad”. Ante estas impresionantes definiciones me parece necesario hacerte recordar, que lo que la RAE define es el uso que los hablantes dan a los conceptos y que no se trata de significados estáticos.


En otras palabras: las personas, en su uso cotidiano de la palabra carisma, la emplean para referir un Don divino que tienen las personas para encantar a otros. Con esta forma de comprenderlo no es de extrañarse que, en el uso general, el liderazgo carismático sea asociado con algo positivo y que incluso profesores y directivos continúen planteándose la pregunta de si los líderes nacen o se hacen.


Tal vez con este mismo antecedente (que no me consta, pero es probable), nació la Teoría del Liderazgo Carismático. Esta teoría fue desarrollada por House[i] en 1977 mientras el enfoque de los rasgos era predominante en los estudios de liderazgo. En esa teoría se asume que el liderazgo es un conjunto de atributos y que el poder y la influencia del líder proviene de características personales, de su gracia y su simpatía, lo que producen una aceptación y agrado en sus seguidores. Al entenderse como una característica personal, el liderazgo no es una habilidad que pueda desarrollarse, sino una cualidad que difícilmente puede aprenderse por personas carentes de carisma.


A la par de esto, en 1978 y 1979 se difundieron los estudios de Max Weber sobre las formas de dominación y orden social. Weber explicó que la sociedad es un entramado de relaciones entre los individuos y estos entramados se sostienen a partir de acciones sociales que se realizan con una intención hacia otros individuos. Cuando las relaciones representan un orden o una manera de funcionar, entonces se conforma una asociación social que es lo que da cabida a una sociedad y requiere del reconocimiento o legitimación de la comunidad.


Según lo dicho por Weber mantener el orden en que funcionan las cosas en una asociación social y darle continuidad, requiere de la aplicación de poder, entendido este como la probabilidad de imponer un objetivo para que otros lo cumplan. Una forma de conseguirlo es por medio de la dominación social. Con este concepto Weber se refería a la probabilidad de encontrar obediencia dentro de un grupo determinado para mandatos específicos; o en mis propias palabras: hacer que la gente te haga caso.


El poder y la probabilidad de que te obedezcan puede legitimarse de varias maneras; por ejemplo, por dominación legal, en el que el líder es obedecido debido a que ocupa un puesto específico y la ley o las normas y reglamentos lo respaldan. Otra forma es la tradicional, en el que el poder es heredado (como en el caso de las monarquías). Otro es el carisma, en el que el sujeto en cuestión desarrolla una estructura de funcionamiento y los seguidores se apegan a ella (eso dice Weber)[ii].


Weber también define el carisma como una virtud extracotidiana o ejemplar de la persona; no obstante, difiere con House (y con la Real Academia Española) en que la valoración de esta extracotidianidad depende de los seguidores y no del líder. En otras palabras, según Max Weber, lo que coloca a una persona determinada en una posición de líder no son sus cualidades en sí, sino la apreciación que los seguidores tienen de la persona; y dicha apreciación se relaciona más con las cualidades de los seguidores que con las del propio líder[iii].


Mientras lo explicaba, Weber advirtió que ningún sujeto que se vea a sí mismo como una figura carismática ha considerado jamás que su condición extraordinaria sea una concepción de sus seguidores y no una cualidad de sus propias características individuales, aunque esto sea así[iv]; por tanto, el liderazgo que se produce del carisma es siempre inestable: si los seguidores dejan de percibir al líder como una figura extraordinaria, el orden de funcionamiento desaparece[v].


Para sostenerse y disminuir la inestabilidad de su liderazgo, el líder suele perpetuar la condición caótica que lo hace necesario para sus seguidores. Es el caos y la amenaza de desaparición lo que prolonga la existencia del liderazgo carismático. Es común que este tipo de liderazgo se fortalezca ante presencia de enemigos externos o interno (reales o imaginados), cuya sombra amenaza los intereses de los seguidores o incluso a las propias personas. El engaño y la manipulación o las verdades a medias, suelen ser recursos de sustento en el liderazgo carismático; así como la construcción de enemigos que mantenga unidos a los seguidores.

Lo apasionante del liderazgo carismático es que no suele seguir el orden burocrático establecido; rechaza y evita la normatividad, lo reglamentado y el estatus quo, por lo que es percibido como disruptivo, revolucionario e innovador. De aquí su encanto.[vi]. Su lema podría ser “buscar el cómo sí” pese a la ruptura de reglas y transgresiones cubiertas de un manto de positivismo, simpatía y búsqueda de beneficios para sus adeptos.


De acuerdo con Weber, el liderazgo carismático tiene formas particulares de perpetuarse. Estas, incluyen los sobornos, las donaciones, las propinas, los favores fuera de la norma. En situaciones críticas o extremas pueden incluso practicar la extorsión y el chantaje. Dentro de la ideología del liderazgo carismático, todo ello se justifica porque el líder considera que la labor que realiza es por bien de la comunidad y todo lo amerita. En su discurso oficial rechaza la recepción de bienes materiales y económicos como un pago o un intercambio; sin embargo, esto puede ser más una presunción que un hecho, dado que admite recibirlos en forma de regalos o en agradecimiento por las bondades que ha hecho. También puede considerar que ciertos seguidores sean malagradecidos o traidores por no consentir en donaciones y apoyos a la causa que se persigue.

El liderazgo carismático puede también presentarse matizado por otras formas de dominación social; por ejemplo: que el líder se respalde en la normatividad en muchos aspectos. Sin embargo, aun cuando el líder carismático no exhiba los comportamientos extremos descritos por Weber, la debilidad del liderazgo quedará manifestada, cuando los beneficios aportados a la institución desaparezcan después de que el líder haya terminado su periodo de trabajo; es decir, en la ausencia de un legado.


En el campo educativo el entendimiento “positivo” del liderazgo carismático sigue siendo frecuente en muchos países, incluso entre dirigentes educativos. La argentina Pozner[vii] (2008) explicó que la permanente popularidad del liderazgo carismático se debe a la ausencia de formación especializada para desarrollar los puestos directivos, así como la falta de estructuras que les den apoyo y soporte. La consecuencia es que el trabajo que realizan los directores y las directoras es extremadamente dependiente de sus propias herramientas, cualidades, virtudes y estrategias de supervivencia; y al carecer de entrenamientos específicos, el carisma sigue siendo el principal fundamento para legitimarse y responder a las exigencias y expectativas que todo mundo tiene de los directivos.


Gracias a las aportaciones de Weber y a toda la información acumulada durante décadas los estudiosos del tema evolucionaron su comprensión sobre el liderazgo[viii][ix]. Ahora sabemos que el liderazgo puede desarrollarse y perfeccionarse en procesos de formación específica para el puesto. La preparación para la generación de innovaciones dentro de las instituciones educativas y para la coordinación de personal docente, permite el desarrollo de habilidades que superan el carisma y sus estrategias de supervivencia y que aumenten la probabilidad de continuar un legado una vez que se transfiera el puesto a nuevos líderes.


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[i] House, R. J. (1977). A theory of Carismatic leadership. En J. G. Hunt and L. L. Larson (Eds.), Leadership. The cutting edge. Carbondale: Southern Illinois University Press, pp. 189-207. [ii] Weber, M. (1979). La ética protestante y el espíritu del capitalismo. México: Premiá editora de libros, S. A. [iii] Weber 1978 Weber, M. (1978). Economy and society. Londres: University of California Press. [iv] Navarro-Corona, C. (2015). La antesala a la dirección escolar. México. COMIE. [v] Villalobos, P. (1981). Estructuras de poder Max Weber. Jurídica. Anuario del Departamento de Derecho de la Universidad Iberoamericana I y II (13). pp. 893-904. [vi] Weber, M. (1978). Economy and society. Londres: University of California Press. [vii] Pozner, P. (2008). El directivo como gestor de aprendizajes escolares (5 ed.). Buenos Aires: Aique Grupo Editor. [viii] Yukl, G. (2008). Liderazgo en las organizaciones. Madrid: Pearson. Prentice Hall. [ix] Murillo, F.J. (1999). Claves para la "Mejora de la Eficacia Escolar". Crítica, 866, 34-38.

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Federico Ortega
Federico Ortega
22. Mai 2023

¡Excelente artículo!


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